Mirar adentro, mirar siempre adentro, para reflejarse en el exterior. Mirarse para descubrirse, sin repetirse, sin negar la raíz ni el árbol ni el fruto. Mirarse para encontrar las señales, los pasos, las huellas dejadas por alguien más, para crearse y recrearse cada vez. Allí yace toda la fuerza para estar en el mundo. No es nada original y sin embargo es único como acontecimiento. Eso hace toda la diferencia…


